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De Catavi a la minería actual: 74 años de la nacionalización de las minas
Este 31 de octubre se conmemoran 74 años de la nacionalización de las grandes minas, una transformación decisiva para la economía boliviana. COMIBOL asumió su administración y se convirtió en una de las empresas estratégicas del país. Sus recursos contribuyeron a conectar regiones y diversificar la producción; en los distritos mineros crecieron escuelas, hospitales y servicios para miles de familias. Ese legado sigue presente en los desafíos productivos y sociales de la Corporación.
La Paz, 30 de octubre de 2026 (COMIBOL).- Catavi, en el norte de Potosí, concentra dos momentos fundamentales de la historia minera boliviana. En los campos de María Barzola donde se produjo la masacre de trabajadores en diciembre de 1942, el presidente Víctor Paz Estenssoro firmó casi diez años después, el 31 de octubre de 1952, el Decreto Supremo Nº 3223, que dispuso la nacionalización de las minas y bienes pertenecientes a los grupos Patiño, Hochschild y Aramayo, conocidos como los barones del estaño.
La Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) había sido creada 29 días antes, el 2 de octubre mediante el Decreto Supremo Nº 3196. La creación de la empresa estatal y la nacionalización de las grandes minas fueron dos pasos de un mismo proceso. Ambas disposiciones fueron elevadas a rango de ley el 29 de octubre de 1956. Por eso, octubre reúne dos hitos fundamentales de nuestra historia institucional.
La riqueza minera y su aporte al país
Con la nacionalización, COMIBOL asumió la administración de 163 minas agrupadas en 13 compañías y una fuerza laboral cercana a 29.000 trabajadores. Durante las décadas siguientes fue uno de los principales actores de la economía boliviana por su producción y comercialización de minerales, especialmente estaño.
El peso del sector se aprecia en las exportaciones de la época. José Alejandro Peres-Cajías y Nigel Caspa, en su investigación Capital y trabajo. Una historia económica de la minería boliviana (1900-2025), documentan que en 1964 las exportaciones mineras representaban casi el 95% del valor total exportado por Bolivia. La cifra incluye la minería privada y no corresponde exclusivamente a COMIBOL, pero permite dimensionar la importancia de la actividad en la que la Corporación tenía un papel central.
De las minas también salieron recursos que contribuyeron al desarrollo de otras regiones. Parte de los fondos generados por COMIBOL fue transferida para apoyar las políticas nacionales de integración territorial y diversificación económica. La carretera Cochabamba–Santa Cruz, el impulso a la industria azucarera y la expansión petrolera formaron parte de ese proceso de desarrollo, en el que intervinieron distintas instituciones y fuentes de financiamiento.
La conexión vial abrió nuevas posibilidades para el intercambio entre el occidente y el oriente. Junto con la migración, la inversión y otras políticas públicas, acompañó la expansión económica y urbana de Santa Cruz de la Sierra. Así, la contribución minera alcanzó también actividades y territorios alejados de los centros de extracción.
En los propios distritos mineros, el desarrollo tomó otra forma: escuelas, hospitales, viviendas y redes de abastecimiento pasaron a formar parte de la vida cotidiana de miles de familias.
El legado también se mide en aulas y hospitales
Las cifras educativas muestran la magnitud de esa labor. En 1952, los servicios que pasaron a la administración de COMIBOL registraban 6.416 estudiantes de distintos niveles; en 1975, la matrícula había alcanzado 55.319. En ese periodo, el número de maestros creció de 270 a 1.650 y los edificios escolares registrados pasaron de 32 a 73. Los datos proceden de estudios de época y memorias institucionales sistematizados por Peres-Cajías y Caspa.
El Ministerio de Educación ejercía la orientación técnica y pedagógica; COMIBOL asumía el sostenimiento económico y administrativo. El desayuno escolar, las becas y la formación vocacional ampliaron las oportunidades educativas. Para muchas familias, el trabajo en la mina estuvo acompañado por la posibilidad de que sus hijos accedieran a la escuela.
La atención sanitaria fue otro componente de esa red social. En 1966, COMIBOL registraba 29 hospitales y 1.556 camas, según las memorias recogidas en la misma investigación. Los servicios alcanzaban a trabajadores, familiares y habitantes de zonas vecinas. En Catavi, la Escuela de Enfermería, que inició actividades en 1954, contribuyó a formar personal de salud.
Pulperías, viviendas, servicios básicos y actividades deportivas y culturales completaron la vida de los campamentos. El legado de COMIBOL no se mide únicamente en toneladas de mineral: también está en las generaciones que estudiaron, recibieron atención médica y construyeron comunidad alrededor de sus operaciones.
Hubo, asimismo, etapas difíciles. La crisis del estaño y las transformaciones económicas de 1985 y 1986 alteraron la estructura de la minería estatal y la vida de numerosos distritos. Reconocerlas permite comprender el esfuerzo que hoy exige recuperar capacidad productiva y eficiencia.
Una historia que sigue produciendo
A 74 años de la nacionalización, COMIBOL mantiene un papel estratégico en la economía y es un motor clave para la generación de divisas del país. Sus empresas filiales y unidades productivas, entre ellas Huanuni, Colquiri y Corocoro, sostienen la minería estatal del estaño, el zinc y el cobre, junto con otras operaciones y servicios minero-metalúrgicos.
La Rendición Pública de Cuentas Inicial 2026 proyecta 786,5 millones de dólares americanos en divisas, Bs 6.031,9 millones en ingresos y Bs 285,8 millones destinados a inversión. Son previsiones de la gestión, no resultados ejecutados. Los recursos programados comprenden equipamiento, mecanización, infraestructura, exploración y desarrollo minero-metalúrgico.
La programación productiva contempla 9.165 toneladas métricas finas de estaño en concentrados para Huanuni; 5.050 de estaño y 17.329 de zinc en concentrados para Colquiri; y 2.169 toneladas métricas finas de cátodos de cobre para Corocoro. El cumplimiento de estas metas constituye uno de los desafíos centrales para fortalecer la capacidad productiva de COMIBOL y consolidar su contribución a la economía nacional.
La contribución de COMIBOL a la educación se mantiene vigente y adquiere nuevas formas. Para 2026, el Decreto Supremo Nº 5712 establece un aporte conjunto de Bs 36,16 millones al financiamiento del Bono Juancito Pinto, mediante la Administración Central y las empresas mineras Huanuni, Colquiri y Corocoro. De las escuelas que sostuvo en los campamentos mineros a su participación actual en este beneficio educativo de alcance nacional, la Corporación continúa contribuyendo a la educación de las niñas, niños y jóvenes de Bolivia.
El futuro productivo también depende de conocer mejor el potencial mineralógico. En agosto de 2026, COMIBOL y el Servicio Geológico Minero (SERGEOMIN) suscribieron un convenio para fortalecer los trabajos de prospección y exploración en áreas vinculadas a la Corporación. La cooperación busca sustentar con información técnica la evaluación de nuevos proyectos.
Hacer COMIBOL grande otra vez: el desafío de 2026
La memoria de este recorrido permanece en el Sistema de Archivo Histórico de COMIBOL, que custodia más de 40 kilómetros de documentación sobre las empresas, los trabajadores y los distritos mineros. Entre sus fondos están los documentos del Plan Triangular de 1960 a 1970, inscritos en 2017 en el Registro Regional del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO.
El presidente Ejecutivo a.i. de COMIBOL, José Fernando Córdova Eguivar, ha planteado en reiteradas oportunidades el desafío de “hacer COMIBOL grande otra vez”. Esta perspectiva implica recuperar y fortalecer la capacidad productiva de la Corporación, avanzar en la modernización de sus operaciones, impulsar la exploración minera y mejorar la eficiencia de su gestión para consolidar su papel estratégico en la economía nacional.
De Catavi a la minería actual han transcurrido 74 años de cambios, avances y desafíos. Este 31 de octubre, al conmemorar la nacionalización de las minas, COMIBOL reconoce el aporte de las generaciones que construyeron ese legado y reafirma su compromiso con el futuro. La tarea es seguir fortaleciendo la producción minera estatal para generar divisas, oportunidades y desarrollo para Bolivia.
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